sábado, 20 de agosto de 2011

4 buenas razones para eliminar la televisión

Acabo de terminar de leer 4 buenas razones para eliminar la televisión, de Jerry Mander, en editorial Gedisa.
Vaya por delante deciros que hace 19 años que no tengo tele en casa y que en muchos de los curso que imparto a padres y educadores hablo de la tele y del (normalmente) mal uso que se le da en casa. En fin, mi idea sobre la tele no es muy positiva, así que cuando Yolanda me recomendó este libro, rápidamente me hice con él y he pasado estos días leyéndolo con gran interés.


El libro me ha gustado mucho, ha reafirmado muchas de las ideas y sospechas que tenía y me ha dado mucho material nuevo para seguir reflexionando sobre la televisión y su verdadera función social: aborregarnos y hacernos consumistas.
En algunos puntos se ha quedado algo desfasado, pues aunque esta segunda edición está revisada y tiene datos nuevos, el grueso del libro está escrito a mediados de los años setenta y pienso que hay algunos aspectos que habría que revisar. Pero en verdad el libro es muy interesante y debería formar parte de cualquier biblioteca de educadores (padres, maestros, etc.)
Hoy no voy a comentar mucho más, os dejo directamente con una cita (si me seguís por féisbuc habéis tenido una buena ración de citas de este libro en esta última semana) algo extensa y que os puede dar una idea del libro (y de la tele).

"La televisión parece crear adicción. A causa de la forma en que la señal visual es procesada por la mente, la televisión inhibe los procesos cognitivos. La televisión parece más adecuada como un instrumento para el lavado de cerebro, la inducción del sueño y/o la hipnosis que como un medio que estimule los procesos del aprendizaje consciente.
La televisión es una forma de inanición sensorial, capaz de causar desorientación y confusión. Deja al espectador menos capacitado que antes para distinguir lo real de lo irreal, lo interno de lo externo lo experimentado personalmente de lo implantado desde el exterior. Desorienta el sentido del tiempo, así como los de lugar, historia y naturaleza.
La televisión suprime y reemplaza la imaginería creativa humana, alienta la pasividad masiva y entrena a la gente para aceptar la autoridad. Es un instrumento de transmutación que convierte a la gente en imágenes de televisión.
Al estimular la acción al mismo tiempo que la suprime, la televisión contribuye a crear hiperactividad.
La televisión limita y confina la comprensión humana. Modifica la forma en que los humanos reciben información del mundo. En lugar de la recepción natural y multidimensional de la información, ofrece una experiencia sensorial angosta, disminuyendo la cantidad y tipos de información que recibe la gente. La televisión mantiene la conciencia encerrada dentro de sus propios canales rígidos, una pequeña fracción del campo natural de información. A causa de la televisión creemos que sabemos más, pero sabemos menos.
Al unificar a todos dentro de su encuadre y al centralizar su experiencia en sí misma, la televisión prácticamente reemplaza al entorno. Acelera nuestra alienación de la naturaleza y de ese modo acelera su destrucción. Nos mete aún más adentro de una realidad artificial ya predominante. Empeora la pérdida de comprensión personal y el acaparamiento de toda la información en manos de una élite tecno-científico-industrial.
La tecnología de la televisión es intrínsecamente antidemocrática. Debido a su coste, y al tipo limitado de información que puede diseminar, a la forma en que modifica a la gente, y al hecho de que unos pocos hablen mientras millones absorben, la televisión es adecuada sólo para el uso por parte de las más poderosas corporaciones del país, que la utilizan inevitablemente para rediseñar las mentes humanas en una forma canalizada, artificial y comercial que se ajusta muy bien al entorno artificial. La televisión "autopistiza", "suburbaniza" y "bien-de-consumiza" a los seres humanos, que son entonces más fáciles de controlar. Entretanto, aquellos que controlan la televisión consolidan su poder.
La televisión ayuda a crear las condiciones sociales que conducen a la autocracia; también crea las pautas mentales apropiadas para ello y, simultáneamente, embota la conciencia de lo que está sucediendo." (pp. 340-341)

Creo que es un libro de lectura imprescindible. Totalmente recomendable.

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